martes, 9 de mayo de 2017
¿Cómo afectan las características de Río Tinto al paisaje?
Actualmente el entorno del Río Tinto está protegido por dos figuras diferentes, como son la red de Paisajes Protegidos y la de Lugares de Interés Comunitario (LIC).
El entorno del Río Tinto representa un enclave único tanto a nivel visual como por sus características ambientales. Su color ocre-rojizo, promovido por el alto contenido en metales pesados y la actividad microbiana asociada, así como acentuados por la actividad minera histórica de la zona, suponen un espectáculo de colores único.
Las aguas se caracterizan por un pH muy ácido, de alto contenido en sales ferruginosas, su escasez de oxígeno y acoger una gran diversidad de microorganismos -muchos de ellos aún sin catalogar- que se alimentan sólo de minerales y se adaptan a hábitats extremos. Tanto es así, que el lugar es estudiado por la agencia espacial norteamericana NASA para conocer estas formas de vida, debido a la probable similitud entre sus condiciones ambientales y las que podrían darse en el planeta Marte.
La acidez de los márgenes del río hace que se encuentren desiertos de vegetación.
Es de especial interés la presencia de Erica andevalensis, especie endémica de la zona.
Todo ser vivo tiene como objetivo principal la búsqueda de sus tres funciones vitales: Nutrición, Relación y Reproducción. Para ello es fundamental un ambiente en el que las condiciones tanto físicas como biológicas sean favorables y aptas para la supervivencia de las especies. Estas condiciones definen lo que conocemos como factores bióticos y abióticos y deben encontrarse en perfecto equilibrio para así dar estabilidad al ecosistema y permitir que se lleven a cabo las interacciones entre todos los elementos del mismo.
En este sentido, el conjunto de factores abióticos o biotopo responden a los diferentes componentes que determinan el espacio físico en el que habitan los seres vivos. Normalmente son factores limitantes ya que pueden mermar su crecimiento y varían según el ecosistema de cada ser vivo. Entre dichos factores encontramos el agua, la temperatura, el clima, el pH, los nutrientes, la luz, el suelo o la humedad.
Por otro lado, e igual de imprescindibles que los anteriores, existen componentes bióticos (o biocenosis) que no son sino organismos vivos que interactúan entre sí y con los demás seres vivos del ecosistema. Los organismos tienen por lo general unas condiciones fisiológicas y comportamientos diferentes, pero compartir el mismo hábitat llevará consigo que entre ellos haya cierta competencia por el alimento y por el espacio. La biocenosis de los ecosistemas la forman organismos autótrofos o productores, capaces de sintetizar su propio alimento (plantas), organismos heterótrofos o consumidores, que se nutren de alimentos ya sintetizados (animales), y organismos descomponedores que se alimentan de materia orgánica en descomposición como es el caso de las levaduras, hongos y bacterias.
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